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    La satisfacción laboral, es uno de los indicadores más clásicos y al que con mayor frecuencia se recurre cuando se persigue conocer cuál es la actitud general de las personas hacia su vida laboral. De algún modo, las personas, y en este caso los profesionales y las profesionales de la educación, tienen una idea más o menos elaborada de cuál es el tipo de trabajo que les gusta, cómo debería llevarse a cabo, en qué tipo y estilo de institución y con qué condiciones. De esta manera, las personas pueden comparar su idea de cómo deberían ser las cosas con su realidad presente y cotidiana. De tal comparación surge un juicio y una actitud asociada hacia su trabajo y hacia los demás aspectos importantes de su vida laboral y, en consecuencia, se establece un determinado grado de satisfacción o insatisfacción. Las consecuencias de tal satisfacción o insatisfacción pueden afectar la cantidad y la calidad del trabajo que desempeñan.

    Las actitudes del alumnado y su comportamiento constituyen causas de estrés entre el profesorado. Las exigencias a las que se enfrentan los docentes y las docentes han experimentado un cambio de gran magnitud en los últimos años, lo cual se manifiesta en un aumento importante de las responsabilidades que recaen sobre ellos, sin que paralelamente la familia y la comunidad en general lo hayan asumido, o les hayan ayudado. Lo cierto es que cada vez más se aprecia la tendencia de delegar la responsabilidad educativa en los profesores y las profesoras, en detrimento del papel de la familia, como eje de la sociedad y primera fuente de enseñanza. También se han producido cambios, a menudo en perjuicio del profesorado, respecto a las actitudes de la sociedad hacia la disciplina educativa.

    Otro aspecto de la profesión docente que se considera relacionado con el exceso de trabajo y, consecuentemente, con la aparición del estrés es el problema de tener, dentro de una misma clase, educandos con una amplia gama de capacidades diversas y necesidades educativas diferenciadas. Esto suele requerir una mayor planificación de las clases y una evaluación más detallada, así como atención personalizada. Además se enfrentan otras tareas inherentes al cargo: reuniones, efemérides, documentación de los estudiantes, actividades para recolectar fondos, entre otros. Esa sobrecarga laboral se relaciona con las presiones derivadas del tiempo, no solo en términos de la cantidad de trabajo que deben realizar cada día, sino también en cuanto a la cantidad de tareas que deben llevarse a sus casas, lo cual interfiere en sus vidas privadas.

    Otro aspecto a considerar, es que los docentes realizan su trabajo en organizaciones que responden a un esquema de burocracia profesionalizada. Para ser verdaderamente funcionales, tales burocracias profesionalizadas requieren una serie de condiciones en el ambiente y en el clima organizacional. Respecto al poder y la jerarquización, estas organizaciones demandan una distribución democrática del poder, de forma que el propio profesional ejerza el control sobre su trabajo y las decisiones que le afectan. En tal sentido, se deben evitar las desigualdades en el trato por parte de los administradores (as), y dejar de lado la libertad de acción con unos sí y con otros no.

    El edificio, las instalaciones y el mobiliario conforman el ámbito dentro del cual se establecen las relaciones en las que se desarrolla la tarea educativa. Como espacio material, el edificio y sus instalaciones conforman un conjunto de condiciones que pueden afectar la calidad de la enseñanza y del aprendizaje. Por una parte, generan sensaciones de comodidad o incomodidad, seguridad o peligro, potencialidad o carencia y, con ellas, comprometen la posibilidad o dificultad de los sujetos para sentirse, en mayor o menor grado, predispuestos frente a las demandas del trabajo. De la misma manera, del modo en que facilitan o bloquean el movimiento y el intercambio, inciden también en la riqueza y diversificación de los comportamientos, tanto de los educandos como de docentes.

    Por otra parte, la calidad y diversificación de las instalaciones y del material didáctico afectan directamente al tipo y complejidad de las experiencias curriculares en las que participan docentes y educandos, ya que es bien sabida la complicación que significa un espacio inadecuado, con poca luz, con mucho ruido, mal equipado y el sobreesfuerzo que exige trabajar como si esa limitación no existiera.

    En qué consiste el síndrome del burnout? Cuál es su significado como estado? Y como un proceso? Qué elementos dispongo para detectarlo? Los siguientes párrafos tratan el tema.

    Como decíamos al comienzo de este artículo, uno de los síndromes más característicos, dentro de las fases avanzadas del estrés laboral, es el síndrome de Burnout, también conocido por síndrome del profesional quemado o de desgaste profesional, fue acuñado originariamente por Freudenberger, un psicólogo clínico familiarizado con las respuestas al estrés de los miembros de una institución de cuidados alternativos de salud, si bien su categorización y difusión se debe principalmente a Cristina Maslach, una investigadora de psicología social, a partir de la segunda mitad de los setenta, cuando estudiaba las formas de afrontamiento con el arousal emocional en el trabajo.

    El término Burnout procede del mundo del deporte y expresaba la situación que vivían los deportistas cuando no obtenían los resultados deseados a pesar de sus grandes esfuerzos y entrenamientos. También se utilizaba este término, de manera coloquial, para referirse a los efectos del abuso crónico de drogas.

    Desde hace ya bastante tiempo, una importante cantidad de autores, se han interesado por el concepto de estrés. Ya hemos señalado a Freudenberger y a Maslach y Jackson, ambos autores estudian el síndrome de burnout como una respuesta a un estrés emocional crónico caracterizado por agotamiento físico y psicológico, actitud fría y despersonalizada en la relación con los demás y sentimiento de inadecuación a las tareas que se deben de realizar. Parece ser que lo sufren, especialmente, personas cuyas profesiones versan sobre todo en la atención y ofrecimiento de servicios humanos directos y de gran relevancia para el usuario: enfermeros, profesores, policías, cuidadores, etc.

    Hasta hace poco, hablábamos de un síndrome no recogido en las clasificaciones psicopatológicas internacionales, aunque objeto de numerosas investigaciones. El Burnout es un estrés crónico (distrés) experimentado en el contexto laboral, es decir, formando parte de un proceso, siendo este síndrome el último eslabón o la última secuencia de la cadena; sin embargo, es necesario diferenciar el Burnout de otros síndromes o nociones y de hecho son muchos los autores que hacen hincapié en que se trata de una forma de estrés ocupacional, con entidad propia, estudiado en la población laboral de servicios directos a otras personas.

    Una exposición crónica a los estresores laborales, puede llevar a los profesionales que trabajan en contacto directo con las personas, a sufrir un síndrome de desgaste Burnout, caracterizado por: agotamiento emocional, es decir el vaciado de recursos personales junto con la sensación de que ya no se tiene nada que ofrecer psicológicamente a los demás; despersonalización, como desarrollo de una actitud negativa e insensible hacia las personas con quienes se trabaja; y, disminución del sentido de realización personal o percepción de que los logros profesionales quedan por debajo de las expectativas personales suponiendo una autocalificación negativa.

    A partir de esta conceptualización del síndrome de Burnout, se han realizado múltiples estudios, tanto para precisar su contenido como para buscar las causas, determinar indicadores y predictores y prevenir tal desgaste; sin embargo, debido a que no hubo mucho énfasis inicial en el desarrollo de teorías sobre el síndrome, no surgió un marco teórico conceptual en el que integrar y evaluar los distintos hallazgos y soluciones propuestas; así por ejemplo, el burnout, puede se conceptualizado, desde una perspectiva clínica y una perspectiva psicosocial.

    Desde una perspectiva clínica, se entiende como estado, consecuencia del estrés laboral. Desde una perspectiva psicosocial, puede ser abordado como un proceso que se desarrolla por la interacción de características del entorno laboral y de orden personal, con manifestaciones bien diferenciadas en distintas etapas.

    a) Agotamiento emocional: ansiedad, labilidad con tendencia a la irritación y cierto abatimiento depresivo.

    b) Sentimiento de inadecuación profesional: El sujeto se siente en dificultades o impotente para responder a las distintas y cambiantes facetas del desempeño de su tarea. Este mismo hecho repercute en la aparición de una autoimagen, que oculta, la falta de competencia y un deseo de cambiar de puesto, en muchas ocasiones hacia arriba en el escalafón, bajando su rendimiento y la calidad de sus prestaciones.

    c) Bajada o pérdida de la autoestima profesional: Esta, evidentemente, repercute en la autoestima personal, aumentando frente a ella el distanciamiento con compañeros y usuarios, ante los que con frecuencia se presentan autodefiniéndose como hipercompetentes.

    d) Modificación de los modos de relación con los compañeros de trabajo y los usuarios de los servicios: Nos encontramos con que la relación pone de manifiesto componentes de inhibición, frialdad y distancia, al tiempo que se convierte en acusatoria hacia los demás de los deterioros en el trabajo; suelen aparecer descalificaciones masivas e inadecuadas de compañeros y usuarios, también se ha detectado el empleo, en ocasiones, de formas de humor más o menos sarcástica.

    e) Aumento de la percepción y de la expresión de insatisfacción en el trabajo: Se detectan situaciones de sobrecarga, ambigüedad y conflicto de roles, quejas salariales fuera de contexto y todo ello con un esfuerzo racionalizador en su expresión pero inoperante para su abordaje.

    f) Conflictos interpersonales: En ellos aparece como común denominador la insensibilidad y la hostilidad más o menos encubierta. Estos conflictos pueden orientarse tanto hacia los compañeros como hacia los usuarios y en situaciones más extremas invadir otras esferas tanto del organigrama como extralaborales.

    g) Alteraciones físicas y comportamentales: En ocasiones pueden aparecer síntomas del tipo: insomnio, cansancio excesivo, dolores de cabeza y otros, así como aumento en el consumo de tabaco, café, fármacos, agresividad tanto con compañeros y/o usuarios como familia, vecinos....

    Como se puede comprobar, es más fácil describir el Burnout que definirlo. El rasgo fundamental del Burnout es el cansancio emocional y la sensación de no poder dar más de sí mismo, para poder protegerse de ese sentimiento negativo, el sujeto trata de aislarse de los demás, desarrollando una actitud impersonal hacia los usuarios y los compañeros, mostrándose cínico, utilizando etiquetas despectivas o bien haciendo a los demás responsables de sus frustraciones.

    Autores como Freudenberger definen el síndrome manteniendo la relación entre Burnout y pérdida de ideales, energía y propósito, limitando el síndrome a individuos muy dedicados y comprometidos que persiguen la consecución de una meta.

    Otros autores definen el Burnout como un estado de agotamiento físico, emocional y mental (respuesta emocional inadecuada). Se entiende el síndrome como resultado de la exposición crónica ante una presión emocional (estrés), durante prolongados períodos de tiempo (proceso).

    Maslach y Pines, insistieron en la necesidad de prevención del síndrome de desgaste, pues éste hacía perder sentimientos positivos hacia sí mismo y hacia sus clientes, a quienes podrían dirigirse con una actitud cínica y deshumanizada. Se constataría también un descenso de su compromiso laboral.

    Nos enfrentamos a un sentimiento complejo de inadecuación personal y profesional al puesto de trabajo, que surge al comprobar que las demandas que se les hace, exceden a su capacidad para atenderlas debidamente. Este sentimiento se puede encubrir mediante una sensación de omnipotencia.

    Los síntomas anteriormente descritos, transcurren a lo largo de unas etapas definidas, a lo largo de un proceso y pueden ser observadas sin dificultad, también señalaremos que se trata de un proceso que contiene la característica de propagarse fácilmente entre el resto de los miembros del staff. Además, si no hay claridad en las diferentes tareas o responsabilidades que realizan los sujetos, es decir no están bien delimitadas, la interacción laboral tenderá a ser competitiva y conflictiva más que cooperativa y eficaz.

    Muchos autores, consideran la ausencia de un apoyo significativo, como un factor clave para que se produzca el desgaste. De la misma manera, se ha denotado la presencia de líderes que únicamente aportan retroalimentación negativa en ambientes laborales con gran presencia del fenómeno Burnout, frente a bajos niveles del síndrome, en ambientes con altos niveles de apoyo sin reducir la autonomía de los sujetos.

    No obstante, se discute si en realidad es el Burnout un nuevo concepto o, por el contrario, si no se trata más que de una de las tantas definiciones de estrés, insatisfacción laboral o depresión, aunque en la literatura se pueden encontrar otros muchos conceptos como sinónimos de Burnout, tales como conflicto, ansiedad, tedio, aburrimiento, etc.

    Otra consideración fundamental del síndrome, es su imposibilidad de categorización como variable dicotómica, no podemos decir tajantemente si está o no presente, es un continuo que tiene unos síntomas y unas etapas generales. Es un proceso cíclico, pero cuya evolución puede ser modificada o cortada y, aunque el aburrimiento o hastío es común tanto en la insatisfacción laboral como en el síndrome, sólo en el Burnout se debe a demandas laborales crónicas. Se señala, además, que si bien la insatisfacción laboral aparece como un elemento del síndrome de Burnout, aquella sólo aparece ligada, sobre todo, al agotamiento emocional en este síndrome y no fuera de él.

    De la misma manera, podemos decir, que la pérdida de interés y entusiasmo, así como el abatimiento, pueden ocurrir en todas las profesiones, pero las víctimas a quemarse se encuentran fundamentalmente entre aquellas ocupaciones en las que se presta una atención directa al trabajo con personas que demandan la atención directa del cuidador y, aunque el abatimiento es común a, por ejemplo, la depresión, en el Burnout queda determinado al espacio y tiempo cotidiano del entorno laboral y lo que verdaderamente caracteriza a este concepto y lo diferencia de otros similares es la actitud de despersonalización.

    Podemos observar que estamos ante una interacción de variables afectivas (cansancio emocional y despersonalización), y cognitivo-aptitudinales (falta de recursos personales), que se articulan entre sí en un episodio secuencial.

    Otra variable importante a considerar es la expectativa. En los trabajadores noveles estas juegan un papel de consideración. Para Broufenbrenner, el Burnout tiene mayor incidencia en profesionales jóvenes. De todas formas, parece claro, que el síndrome de Burnout se debe a la relación del sujeto con la organización laboral, pero no quedan tan claras las variables que abocan al proceso.

    Básicamente podemos diferenciar, entre los modelos existentes, los que consideran que las variables organizacionales son las que determinan fundamentalmente el síndrome, o los que defienden que estas variables se combinan con las variables personales de los sujetos, y se distinguen como dispuestos a padecer el síndrome, a aquellos con un estilo obsesivo-compulsivo; también a sujetos con estilo de personalidad dependiente o pasivo-agresiva y, por norma general, a sujetos con una tendencia a identificarse de forma excesiva con los receptores de su atención y que basan su autoestima únicamente en la consecución de metas.

    Sea cual sea la característica de la personalidad, los individuos más entusiastas y dedicados son los que presentan un mayor riesgo, ya que son los que presentarán una mayor desilusión y disgusto al comprobar la diferencia existente entre el marco ideal y real de su trabajo.

    Ahondando en la etiología del desgaste, podemos resumir diciendo que las principales conclusiones de diversos estudios apuntan a que las principales causas del desgaste pueden ser tanto laborales como extralaborales, encontrándose relaciones importantes entre Burnout y rol del cliente, satisfacción y medio laboral, depresión, sexo y cultura.

    Lee y Ashford, han establecido que el proceso del síndrome burnout se puede entender a partir del paradigma estrés-tensión-afrontamiento. De tal forma que, el cansancio emocional puede ser visto como una forma de tensión, mientras que la despersonalización sería una forma de afrontamiento. Resaltar, el cansancio emocional estaría considerado como el factor más característico en el avance de las fases del Burnout, y la despersonalización la menos virulenta.

    Freudenberger consideró este síndrome como efecto de la pérdida de la motivación, idealismo y entusiasmo, también se puede observar en este fenómeno una confirmación del Síndrome de Estrés de Seyle, con sus correspondientes fases de alarma, resistencia y agotamiento, pero dentro de un contexto estrictamente laboral-asistencial frente a la presentación de otros cuadros. Un contexto laboral asistencial donde se origina y donde tiene sus más destacadas consecuencias.

    Cherniss considera que la indefensión aprendida puede ser el mecanismo de mediación en el Burnout, de tal modo que los sujetos expuestos a resultados no controlables, pueden aprender que los acontecimientos o sucesos de su entorno son independientes de sus acciones y generalizar la creencia de que son incapaces de ser efectivos, conduciéndose a un aislamiento apático.

    Las características de la personalidad configuran un elemento que debe ser considerado en relación con la intensidad y frecuencia de los sentimientos. Por ejemplo, la existencia de sentimientos de altruismo e idealismo acentuados puede facilitar el proceso de Burnout, el trabajador con predisposición a quemarse se caracteriza por una serie de rasgos tales como: ser entusiasta, con mayor dedicación profesional, susceptibles a identificarse con los problemas de los demás, sensibles, obsesivos y con baja autoestima; pero, a la vez, excesivamente idealistas.

    Este idealismo y los sentimientos altruistas llevan a los profesionales a implicarse excesivamente en los problemas y convierten en un reto personal la solución de los mismos. Todo ello va a conllevar que se sientan culpables de los fallos, tanto propios como ajenos, lo cual repercutirá en bajos sentimientos de realización personal en el trabajo.

    La mayoría de las veces, los profesionales que eligen un trabajo de servicio humano, como la enseñanza, comparten una característica común: son personas que poseen un desarrollo de la inteligencia interpersonal, es decir, son personas especialmente sensibles a las necesidades de los demás. Es en este sentimiento de base altruista, pero en exceso idealista, donde se sitúan algunos de los orígenes del Burnout. Ciertamente los profesionales guiados por esta voluntad de servicio tienen un mayor nivel de empatía hacia los demás y sufren más con las diferentes problemáticas y, en consecuencia, experimentan un mayor desgaste emocional. Si el individuo en cuestión no puede afrontar eficazmente las situaciones estresantes que va vivenciando, esto le conducirá al fracaso profesional y, por ende, al fracaso de las relaciones interpersonales.

    De todo lo expuesto hasta el momento se deduce que el factor subjetivo es primordial. Las expectativas frustradas o que no corresponden con la realidad son, en gran medida, el desencadenante de que se pierda el entusiasmo por la profesión.

    El término estrés es muy usado en la actualidad. Generalmente se asocia a efectos negativos; pero, en alguna medida, potencia consecuencias positivas, ya que puede ser un estimulante. Al respecto, resulta importante que cada individuo descubra su nivel óptimo de estrés y no lo sobrepase, pues:

    El estrés se manifiesta, de modo general, como una respuesta de activación anormal de algunos sistemas del organismo (hipotálamo-hipofisio-suprarrenal, autónomo simpático, médula suprarrenal) con inhibición de la glándula tímica cuando el equilibrio del organismo (homeostasis) se ve alterado por algún agente interno y externo.

    Es decir, es un mecanismo de defensa ante un determinado estímulo. Como ya se mencionó, no siempre es malo: se puede tornar negativo en determinadas circunstancias frecuentes en ciertos modos de vida y desencadenar problemas graves de salud. Cuando esta respuesta natural se da en exceso, se produce una sobrecarga de tensión. Esta repercute en el organismo y provoca la aparición de enfermedades y anomalías patológicas que impiden el normal desarrollo y funcionamiento del cuerpo humano. En este sentido, la mayoría de los profesionales indican trabajar bajo estrés, situación más potenciada en quienes ejercen la docencia, por las características propias de la labor, sus expectativas personales y sociales, por su personalidad, entre otras.

    El docente y la docente deben proyectar, poner en ejercicio, medir y adecuar permanentemente las estrategias para el desarrollo integral de la persona (maduración personal, moral y cívica), por medio de la promoción del aprendizaje y la construcción de saberes, habilidades y actitudes de los educandos, más allá de la mera instrucción, transmisora de conocimientos normalizados, propia de un sistema de enseñanza tradicional, logo céntrico en el cual se ha formado la generación actual de docentes. Este rol requiere de profesionales comprometidos, social e institucionalmente, que sean capaces de diseñar líneas de intervención que surjan de interpretar realidades, definir problemas, actuar dentro de márgenes no definitivos y ante circunstancias específicas, únicas e irrepetibles. El docente ya no ejercen su labor en solitario, deben conformar equipos humanos y laborales que les permitan formarse, replantearse sus prácticas y reflexionar sobre ellas.

    Junto a lo anterior, la sociedad exige al docente que tenga sentido crítico con respeto a sí mismos, a los contenidos culturales y al contexto social; que sean objetivos, democráticos y con vocación de servicio; que tiendan al trabajo cooperativo y amen su institución y sus estudiantes; que se sientan parte viva de la comunidad en que interactúan; que se esfuercen por alcanzar una conducta racional y científica; que manifiesten preferencia por el orden y la sistematización y que, sobre todo, sean muy creativos para desempeñar su formación y su experiencia al servicio del estudiante y de la institución, ambos parte de su zona de desarrollo próximo.

    La multiplicidad de funciones que debe desempeñar el docente, puede incluir la de formular diagnósticos, hacer de consejeros, desempeñar funciones terapéuticas, desempeñar funciones administrativas, ser evaluadores, hacer informes de los educandos, y finalmente la de docentes; todo ello puede llevar a los conflictos interrol, surgidos cuando los docentes y las docentes tienen que asumir distintas funciones dentro de la institución. Este panorama refleja una situación en la que se dedica menos tiempo a la función docente. Cada vez se les exige a los profesores y profesoras que dediquen más tiempo a tareas administrativas y menos a la función propia del docente. Vale rescatar que este problema de rol no se debe confundir con el mobbin ya que este implica () una situación continuada de acoso moral volcado sobre un individuo de modo que siente la presión del entorno ().

    En cuanto las variables de edad y años de ejercicio profesional, no está bien definida la relación existente con el Burnout. Si bien Tonon indica que, a medida que los años avanzan, el sujeto va ganando en experiencia y seguridad en las tareas laborales y puede mostrar, en consecuencia, una menor vulnerabilidad; en contraste, otros autores sostienen que, en los primeros años de trabajo, el educador o educadora es más vulnerable, por las expectativas que lleva de poder realizar un trabajo integral, de cooperación y calidad. Es decir, sus propias exigencias son mayores. Por otro lado, los docentes más experimentados, con más de veinte años en la profesión, pueden tener una respuesta de estrés mayor que la de sus compañeros. En relación con la variable sexo, algunos autores coinciden en que las mujeres están expuestas a mayores situaciones de tensión, puesto que, en su mayoría, realizan una doble jornada: la laboral y la familiar.

    El término estrés se emplea generalmente refiriéndose a tensión nerviosa, emocional o bien como agente causal de dicha tensión. Las distintas aproximaciones al concepto de estrés, han definido a este como respuesta general inespecífica, como acontecimiento estimular o como transacción cognitiva persona-ambiente.

    El estrés, sus causas, su afrontamiento y consecuencias, están determinados por la propia personalidad y circunstancias ambientales, la estructura cognitiva individual y la capacidad de resistencia (hardiness).

    Es evidente que muchas personas han padecido estrés en algún momento de su vida. Fuertes responsabilidades en el hogar y en el trabajo, la incapacidad de separar la vida privada de la profesional, falta de recursos para diferentes competencias, los procesos de recuperación posteriores a un hecho traumático, junto al poco tiempo que dedicamos hoy a lo lúdico, placentero o relajante, pueden llegar a conducir a un estrés cuyas consecuencias pueden ser potencialmente peligrosas.

    El término estrés (stress), proviene de la física y de la arquitectura, ambas disciplinas se han ocupado de la tensión que se produce en los elementos sólidos como respuesta a los empujes ejercidos desde el exterior que, pueden llegar a deformarlos o romperlos. Fue Walter Cannon en el año 1911, quien por primera vez empleó el término a todo estímulo susceptible de provocar una reacción de lucha o huida y, posteriormente, este término también se utilizó para designar los factores del medio cuya influencia exigen un esfuerzo no habitual de los mecanismos de regulación del individuo.

    Hans Selye investigó y llegó a definir el estrés como la respuesta fisiológica, no específica, de un organismo ante toda exigencia que se le haga. Selye consideró que cualquier estímulo podría derivar en un estresor siempre que provocase en el organismo su correspondiente respuesta biológica de reajuste, no obstante no incluía los estímulos psicológicos como agentes causales.

    Según Selye, cuando nos enfrentamos a una nueva situación, el cerebro recibe información que se transmite y analiza a través de los sentidos relacionando esta con recuerdos que se han almacenado de anteriores experiencias. Si la evaluación es negativa, envía una señal que libera las hormonas de adrenalina, poniendo al organismo en un estado de alerta o de resistencia dando lugar a la aparición de síntomas de cansancio y fatiga. En la mayor parte de los casos, una vez que dejamos de sentirnos amenazados, el cuerpo se recupera, pero si la situación se prolonga, se puede llegar a un estado de extenuación. Nos encontraríamos entonces con que el nivel de resistencia bajaría, apareciendo nuevas señales de alarma y comenzando un sufrimiento físico y mental. Si este estado continúa, la persona empezará a tener problemas, llegando incluso a enfermar.

    Como se puede apreciar, las definiciones de ambos autores difieren en que, para el primero, estrés significa estímulo y para el segundo respuesta. A partir de aquí, es frecuente encontrar en la literatura ese primer uso indistinto del término, que incluso se emplea, para designar la relación entre ambos. (González de Rivera).

    Engel, se refiere al término de una manera más amplia y, frente a la posición biológica de Selye, basa su interpretación en los mecanismos psicológicos de defensa, previos a la activación de cualquier sistema ante todo proceso interno o externo, que implique una demanda del organismo.

    Sin embargo, en esos años sesenta e incluso en los setenta, los acontecimientos que fueron más estudiados como situaciones estresantes se refieren a situaciones de origen externo y no se atiende a la interpretación o valoración subjetiva, que pueda hacer el sujeto de las mismas. Se hace hincapié en las circunstancias o sucesos importantes que producían cambios fundamentales en la vida de una persona y exigían un reajuste. En esa línea, se encuadran los trabajos de Holmes y Rahe sobre la cuantificación del potencial estresante de diversos acontecimientos vitales y en los que tratan de relacionar la aparición de enfermedad es con el estrés.

    Para Wolf, el estrés vital es una respuesta específicamente humana a distintos tipos de agentes nocivos y amenazantes. Este autor considera que las enfermedades causadas por el estrés, se producen cuando repetidas e intensas apreciaciones de amenazas, llevadas a cabo por una persona, provocan unos patrones estereotipados de respuesta fisiológica, respuesta adecuada y eficaz para hacer frente a amenazas interpersonales o simbólicas.

    En la década de los ochenta se han investigado hechos de poca consideración que surgen a diario y que hasta ese momento no se habían apreciado, así como estresores de poca importancia que permanecen estables en el medio ambiente con una menor intensidad pero mayor duración, ejemplos de estos pueden ser el ruido, el hacinamiento, la polución, etc.

    1) Como variable de entrada: una primera aproximación centra el estudio del estrés en las demandas ambientales. Se distingue entre estresores independientes de la tarea (ruido, temperatura, etc.) y factores relacionados con las demandas de dicha tarea (ritmo de trabajo, temporalización, etc.). Los investigadores que trabajan en este campo han estudiado el impacto de un amplio rango de estos estresores. A continuación, se presentan cuatro tipo de estresantes que difieren primariamente en su duración:

    a) Estresantes agudos, limitados en el tiempo: tal como encontrarse con un perro agresivo.

    b) Secuencias estresantes, o series de acontecimientos, que ocurren durante un período prolongado de tiempo como resultado de un acontecimiento inicial desencadenante: tal como el fallecimiento de un familiar.

    c) Estresantes crónicos intermitentes: tales como problemas sexuales.

    d) Estresantes crónicos: tal como estrés de origen laboral, que pueden haberse iniciado, o no, por un acontecimiento discreto que persiste durante mucho tiempo.

    2) Una segunda aproximación se centra en el resultado o respuesta, refiriéndose a las reacciones subjetivas, fisiológicas y conductuales que se producen en situaciones de tensión. Nos encontramos con dos componentes interrelacionados:

    a) El componente psicológico, que incluye conductas, patrones de pensamiento y emociones, caracterizados por un estado de inquietud.

    b) El componente fisiológico, que incluye una elevación del grado de activación corporal, arousal, que se traduce, por ejemplo, en el aumento de la tasa cardíaca o una respiración agitada. A la respuesta de dos componentes (psicológico y fisiológico) se le denomina tensión.

    3) Como estado: el sujeto se siente tenso y amenazado sobre la base de la evaluación subjetiva de la situación.

    4) Como proceso; los síntomas del estrés van apareciendo lentamente con el paso del tiempo, lo que incluye estresores y tensiones, es un proceso difícil de parar incluso cuando el factor desencadenante ya ha desaparecido. Este proceso implica ajustes e interacciones continuas (transacciones) entre la persona y el medio. El estrés se produce como consecuencia de un desequilibrio entre las demandas del ambiente (estresores internos o externos) y los recursos disponibles del sujeto.

    Estrés es la fuerza o el estímulo que actúa sobre el individuo y que da lugar a una respuesta.

    Estrés es la respuesta fisiológica o psicológica del individuo ante un estresor ambiental.

    Estrés es una consecuencia de la interacción de los estímulos ambientales y la respuesta idiosincrásica del individuo.

    Debemos insistir en que no todo el estrés es negativo. Se vive inmerso en el estrés porque los sujetos se encuentran en un proceso constante de adaptación al mundo que les rodea y, a la vez, de propio desarrollo personal, lo que provoca realizar constantes esfuerzos cognitivos y conductuales para manejar adecuadamente las situaciones que se presentan.

    Cuando estas respuestas se realizan en armonía, respetando los parámetros fisiológicos y psicológicos del individuo, son adecuadas en función de la demanda y se consume biológica y físicamente la energía dispuesta por el Sistema General de Adaptación, adoptamos el concepto de estrés como euestrés. No será hasta llegar a la situación límite de nuestra capacidad de control, cuando se produzcan las consecuencias negativas por su permanencia (cronicidad) o por su intensidad (respuesta aguda). Sin embargo, sin llegar a situaciones extremas, es positiva cierta dosis de estrés, necesaria para permanecer alerta ante el constante cambio, para que desarrollo y adaptación logren un ajustado equilibrio para proceder con normalidad.

    González de Rivera, llega a afirmar que cuando la influencia del ambiente supera o no alcanza las cotas en las que el organismo responde con máxima eficiencia, éste percibe la situación como amenazante, peligrosa o desagradable, desencadenando una reacción de lucha o huida y/o una reacción de estrés. Luego, incluso una estimulación insuficiente también puede ser fuente nociva de estrés.

    Se define adaptación como un proceso complejo, cambiante y continuo, que requiere muchas reacciones, el proceso de conformarse a las exigencias del yo y del entorno (Davidoff), frente a las decepciones, frustraciones, conflictos, presiones y otro tipo de angustias.

    Hacer frente a los problemas supone un esfuerzo constante para dominar esas situaciones negativas que, algunas veces, se hacen presentes en la vida de todos los individuos. Depende entonces del sujeto, de su capacidad para manejar las situaciones; de sus esfuerzos por controlar; en definitiva, de su capacidad de adaptación, que su estrés se convierta en euestrés o distrés.

    No obstante, me gustaría hacer hincapié, en como el medio puede ejercer una presión tal sobre el individuo, tanto se reciba de manera consciente o inconsciente, que puede llegar a desbordar la capacidad de adaptación, pudiendo llegar a generar graves patologías.

    Conceptos como carga mental y estrés han añadido nuevos matices terminológicos que en ocasiones pueden añadir confusión. En principio la sobrecarga mental produciría estrés; es decir, el estrés sería la respuesta ante un enfrentamiento con tareas que implicasen alto grado de procesamiento cognitivo, susceptible este de ser medido mediante procedimientos objetivos como las medidas del rendimiento en la tarea.

    Sin embargo, hay autores, que sitúan el estrés como un ingrediente más de carga mental. En realidad, ambos conceptos, estrés y carga mental, provienen de diferentes esquemas teóricos, mientras que las teorías sobre el estrés proceden de la psicología laboral y la medicina, la carga mental se engloba dentro de los estudios del rendimiento humano y se basan en las teorías cognitivo-energéticas.

    La frustración, el conflicto y otros estados de estrés se relacionan con estados de ánimo desagradables como la ansiedad o la ira. Cuando la persona afronta dichas situaciones, reacciona de forma que pueda evitar, escapar, reducir su angustia y/o manejar ese problema determinado.

    Lazarus sostiene que existe un modelo ancestral de hacer frente a los problemas. Según este modelo, los sujetos valoran constantemente las interacciones que ocurren en cada momento en relación con el entorno. Los sucesos que aparecen como retos o amenazas (nocivos en potencia) se analizan con mayor detenimiento y se plantean interrogantes para averiguar qué tipo de acción va provocando este caso, a la vez que evalúan los recursos con los que hacer frente al problema.

    Sobre este juicio influyen la situación, las experiencias pasadas y las características personales. Una vez que se valora un suceso, hay que decidir qué se va a hacer, sin embargo, cuando la circunstancia es repetitiva y sin éxito; cuando el sujeto haga lo que haga torne de nuevo a su situación inicial, llega a un estado de indefensión, de pasividad, en donde permanecerá inerme, sin valorar la situación y sin afrontar la amenaza. A este respecto son muy interesantes los trabajos de Martin Seligman sobre la indefensión aprendida.

    Algunos autores han establecido la pertinencia del modelo de afrontamiento de Lazarus, como marco de comprensión de las conductas de los sujetos. Se han analizado los elementos de este y planteado su valor como guía para el desarrollo de las intervenciones terapeúticas,

    Podemos circunscribir el concepto de estrés al ámbito de trabajo de los individuos, de tal modo que su definición podría ser el desequilibrio percibido entre las demandas profesionales y la capacidad de la persona para llevarlas a cabo.

    Es precisamente el concepto de subjetividad individual, de percepción acorde con la personalidad, lo que genera las mayores discusiones entre los especialistas en cuanto a las repercusiones jurídicolaborales del estrés como enfermedad profesional o laboral.

    El mecanismo de respuesta por antonomasia, previa valoración de un estresor, es la lucha o huida. Si estas situaciones de estrés se dan en el plano laboral (algunos ejemplos pueden ser la inseguridad, la competencia, la búsqueda de eficacia, etc.), nos encontramos con que no podemos luchar con el gasto energético correspondiente, ni tampoco, teóricamente responder con la huida (escapar del distrés).

    El desarrollo tecnológico ha provocado que el trabajo manual, artesanal, creador y fuente de buen estrés sea reemplazado, a veces, por un trabajo mecanizado, automatizado, en cadena, a veces eficaz, pero demasiado veloz, quizás menos fatigoso físicamente, pero causante de distrés por mayor estímulo psicológico e intelectual.

    También estaremos de acuerdo en que nuestra sociedad organizada pide a sus miembros una calma aparente y que soporten presiones sin protestar, lo que potencia los factores causantes de estrés. Esta situación de imposibilidad de modificar el estresor, estando sometido al mismo tiempo a importantes presiones psicológicas, conlleva a salidas como, por ejemplo, el cigarrillo, el alcohol, los psicofármacos, las drogas en general e incluso obesidad...que termina agravando el distrés y sumando factores de riesgo.

    Hemos comprobado que estudiar el estrés organizacional no es tarea fácil, se hace del todo necesario estudiar los factores individuales y ambientales. El modelo de investigación que se utilice deberá contar con la contemplación de los factores como, las características ambientales, organizacionales, grupales, familiares, personales y estimulantes de la capacidad del individuo, la creatividad y el pensamiento independiente.

    Por qué algunas profesiones tienen mayores riesgos de caer en el burnout? Cuáles son las razones que convierten a la docencia en riesgosa? Qué sucede con las personas quemadas? Conocer significa hacer más eficiente la vigilancia, para cuidar de nuestra salud.

    El docente que manifiesta el síndrome de Burnout es, frecuentemente, impredecible en su conducta y las contradicciones son casi siempre la norma de su actividad. En este sentido, a la vez que siente la necesidad imperiosa de culpar a alguien por lo que pasa, también precisa olvidar al máximo todo lo relacionado con su trabajo, estudiantes, planes, documentos pendientes, entre otros.

    Para los profesores que llegan a este estado, los conflictos entre la familia y su profesión, los dos sistemas en los que interactúan, son especialmente constantes e intensos. Está muy extendido el estado emocional caracterizado por el miedo, la hipervigilancia y la preocupación permanente. En muchos casos, los sentimientos, ansiedad y agotamiento, se confunden o se alternan provocando, a su vez, los citados problemas de relaciones interpersonales.

    El profesor y la profesora en estado de Burnout, agobiado por las demandas y agotado por su trabajo, muestra un carácter irritable que puede resultar insoportable para las otras personas, tanto en el entorno laboral como cuando la jornada laboral ha terminado. Poco a poco, la persona se va sintiendo afectada, y va cambiando sus actitudes hacia el trabajo y hacia los compañeros y compañeras con los que trabaja, hasta que el proceso se evidencia cada día más. De una manera lenta, pero progresiva, estos profesionales pueden abandonar sus relaciones habituales, dedican menos atención a su familia, muestran una insensibilidad notable, cierran los canales de comunicación con otras personas y se desentienden de los demás.

    En general, los profesores y las profesoras con Burnout perciben la enseñanza como un trabajo muy exigente y que no recompensa suficientemente, por lo que los acontecimientos son interpretados de manera negativa y pesimista, percepción que es trasmitida a los educandos.

    Actualmente, los docentes se encuentran en una situación compleja y delicada. Basta poner atención a los medios de comunicación (televisión, prensa, Internet, etc.) para observar como se les culpabiliza de los problemas, principalmente de los que ocurren dentro del contexto escolar, por ejemplo, las relaciones docente-educando (relaciones personales, falta de asimilación de los contenidos curriculares ente los estudiantes, entre otros), así como los referentes a cuestiones de tipo social, (violencia, desprestigio, drogas, situaciones familiares, entre otros).

    En este sentido, se puede destacar la situación del contexto socio-escolar, el cual deriva fácilmente en frustración y desmotivación ante la evidente falta de estrategias disponibles para reorientar los conflictos y la convivencia docente. Iniciar el trabajo cada nuevo día, especialmente los lunes, se visualiza como una carga difícilmente soportable, la que, con frecuencia, conduce al abandono de la profesión o, en su defecto, a permanecer incapacitados por factores emocionales, dolores de cabeza, tensión u otros padecimientos anexados al síndrome.

    Las tendencias actuales, en el ámbito de la educación, orientan hacia las interacciones humanas de calidad, la creación de climas y ambientes más propicios y adecuados, para que tales interacciones sean positivas, satisfactorias y puedan surtir los efectos deseados. El docente establece una relación intencionada desde su perspectiva de adulto con el individuo que ha de desarrollar armónicamente.

    En todo este proceso, el docente tiene la misión de guía, orientador, facilitador y evaluador: debe garantizar que los educandos tomen parte activa y responsable en el mismo. Esto representa en sí mismo, una complicada dificultad, puesto que el proceso sólo tendrá éxito si los dos elementos humanos implicados, docentes y educandos, establecen unas relaciones adecuadas, en las que interaccionen, y compartan objetivos y responsabilidades.

    A nivel de la vida profesional del docente y, más concretamente, en sus necesidades y expectativas, se pueden indicar una serie de frustraciones relacionadas con las demandas de la sociedad actual hacia el sistema educativo y las posibilidades reales de respuesta.

    Una de las contradicciones se encuentra en que, si bien es cierto los nuevos impulsos de la psicopedagogía sitúan al estudiante como el verdadero protagonista de su propio aprendizaje, los docentes no han acertado del todo a despegar su imagen del modelo tradicional, en el cual el profesor o la profesora son responsables de todo el proceso -tanto de la planificación, como del hecho de que cada joven lleve a su mejor término el proceso de enseñanza-. Así, pues, de una manera casi sistemática, se establecen relaciones de tipo jerárquico con los educandos. Estas se adaptan muy mal a las nuevas tendencias y necesidades de orientación, motivación y contextualización, requeridas en la actualidad.

    Para satisfacer estas necesidades, sería preciso adoptar unas posibilidades de trabajo distintas y desarrollar una mayor capacidad para establecer, con los educandos, una auténtica comunicación en profundidad. Tales requerimientos no siempre son manejados por los docentes, ya que en muchos casos carecen de vocación e inteligencia interpersonal e intrapersonal. De esta manera, se encuentra una de los mayores fuentes de problemas y de contradicciones para una profesión en la que se tienen que conjugar elementos tan dispares como las relaciones de sentimientos, afectos y el contacto con la distancia que imponen la justicia e igualdad en el trato. También cabe mencionar la exigencia de responder a las regulaciones y a la documentación administrativa, las cuales, en muchas ocasiones, no tienen nada que ver con las realidades inmediatas que configuran la labor cotidiana del docente y la docente.

    A pesar de todas estas realidades en que se ve inmerso el docente, este continúa estando solo frente a su clase. En contraste, cada día se le solicita formar equipo con sus colegas y asumir tareas que exigen la cooperación con muchos especialistas: equipos de orientación, planificación, tareas inherentes (actividades para recolectar fondos), trato con los padres y madres, con otros docentes, con la administración, etc. Junto a todo esto, los profesores y las profesoras perciben que la imagen social de su profesión está cada día más deteriorada y es objeto de múltiples críticas. Socialmente parece haber una concepción errónea, en cuanto a que si los estudiantes no aprenden, es porque el profesor no enseña bien. Las expectativas que se derivan de este supuesto son fuente de culpabilidad, frustración y fracaso.

    Son muchos los sectores que tienen ingerencia sobre esta labor: los políticos, los que se concentran en el área social, el sector económico, sectores comunales, las propias familias, mismos que en un momento u otro se manifiestan muy críticos con los docentes en general y cuestionan la eficacia del profesor y profesora, sin realizar un verdadero ni profundo análisis de los factores determinantes de tan compleja tarea. De forma cada vez más generalizada, y a causa de demandas excesivas, contradictorias y ambiguas, no se consigue el equilibrio deseable entre lo que la sociedad pide y espera, y lo que el profesional de la docencia puede ofrecer según sus capacidades y competencias. Tal situación, que se da con frecuencia en el mundo educativo, puede llegar a desencadenar la insatisfacción docente y cuadros de ansiedad que dificultan o impiden un correcto ejercicio de la profesión y que afectan negativamente a los educandos y, por ende, la calidad de la docencia.

    Por el contrario, si este equilibrio se produjera, el nivel de satisfacción sería alto y la autoimagen profesional positiva. A pesar de lo indicado, existen muchos profesionales satisfechos de su labor, quienes asumen las inevitables e innumerables dificultades del trabajo cotidiano, aciertan al desempeñar su rol profesional y establecen unas interacciones personales positivas y productivas con los educandos, los colegas y su entorno más inmediato. En tal caso, tanto en los profesores y profesoras que pueden subsistir sin quemarse, como en los potencialmente quemados, se evidencia la importancia de ejercer su profesión desde un enfoque interdisciplinario, lo más amplio posible.

    Se puede destacar que todas las circunstancias anteriormente descritas propician que el profesorado se sienta, personalmente y profesionalmente, abrumado y desconcertado, con fuertes contradicciones entre sus derechos y deberes. Con todo ello, la enseñanza como profesión tiene algunos rasgos característicos que contribuyen a intensificar la problemática del Burnout y que son los siguientes:

    Exigencia de un contacto e interacción personal constantes con los estudiantes, que debería caracterizarse por ser paciente, sensible y útil.

    La práctica docente ofrece pocas oportunidades a los profesores y profesoras para relajarse, descansar y entablar relaciones con otros adultos a lo largo del horario laboral.

    Qué sucede cuando en un ámbito, como el docente, perdemos el control del estrés? Qué consecuencias caen sobre el individuo? Y sobre las instituciones? Este es un problema con varias aristas, se deben tomar decisiones en el plano individual y en el político.

    Los profesores y las profesoras, en general, tienden a implicarse tanto en su trabajo y se sienten tan moralmente comprometidos en la enseñanza, que cuando se les presiona o perciben que tienen que actuar de manera contraria a sus valores y sentido de la identidad profesional, se muestran estresados, con sentimientos de culpa y pérdida de autoestima. En consecuencia, tienden a ignorar sus propias necesidades, a cuidarse poco, pues consideran que las posibles satisfacciones de la enseñanza dependen de atender y sacrificarse más por las necesidades de otros que por las de ellos mismos.

    Consideradas desde la perspectiva individual, las consecuencias del estrés, asociadas al síndrome de Burnout en docentes, producen un deterioro en la salud de los profesionales y en sus relaciones interpersonales, tanto dentro como fuera del ámbito laboral. A su vez, también producen una repercusión negativa en la calidad de la docencia. Las principales manifestaciones se centran en la presencia de sentimientos de desgaste, tensión, irascibilidad, nerviosismo, fatiga extrema. Las principales consecuencias del malestar docente sobre la personalidad de los profesores y las profesoras, centradas en su dimensión individual, de acuerdo con Esteve, recorren una amplia escala, que pueden variar tanto en su manifestación como en su intensidad, y se agrupan en:

    Así pues, ante las presiones de las diversas fuentes de tensión presentes en la enseñanza, potenciadas por la aceleración del cambio social, los profesores y las profesoras ponen en juego diversos mecanismos de defensa, como son los esquemas de inhibición y rutina, o el ausentismo laboral, que presentan el aspecto negativo de bajar la calidad de la educación, pero que sirven para aliviar, momentáneamente, la tensión del profesional.

    Tales conductas disruptivas tienen repercusiones no solo en el trabajador, sino también en la institución educativa, tal y como se indicó antes. Lo cierto es que cuando los trabajadores de un centro escolar comienzan a padecer los síntomas del síndrome de Burnout, las consecuencias para la institución pueden ser realmente importantes. Las conductas y las actitudes laborales alteradas que presentan los sujetos quemados, así como el deterioro en la salud física y psíquica, van a incidir directamente en el funcionamiento y rendimiento de la institución y esto se reflejará en el empeoramiento de la atención del estudiantado. Junto a todo lo citado, el disconfort subjetivo que siente la persona afectada conlleva situaciones de conflicto con el profesorado, demandas de traslado y, ocasionalmente, cese o separaciones de la práctica profesional. Las graves repercusiones individuales que produce el Burnout afectan las organizaciones educativas, sobre todo influyen en la deshumanización y en la calidad de la enseñanza.

    Nuestro día a día nos pone en situaciones estresantes, que debemos controlar. Son situaciones novedosas, que requieren soluciones acordes, y por lo tanto debemos reflexionar sobre lo que nos rodea, sobre nuestros supuestos, y hacer los cambios que nos favorecen.

    Cambiar el entorno en ocasiones es difícil, porque alejarnos del estresor no siempre suele ser posible, aunque obviamente pueda resultar muy eficaz a la hora de eliminar el estrés negativo. Sí estaría en nuestras manos, por ejemplo, cambiar el color de las paredes de nuestro despacho, aromatizar la estancia en la que nos encontramos, o reducir en la medida de lo posible el ruido ambiental.

    Colores como el azul contribuyen a tranquilizar, a enfriar el ambiente, a reducir tanto la tensión como el insomnio, y desde luego aumentará la sensación de espacio físico frente a otros como el amarillo, que puede llegar a irritar o a dar sensación de espacio limitado.

    Entre los aceites recomendados en aromaterapia para tratar la tensión nerviosa, el insomnio y la irritabilidad, se hallan la salvia silvestre, el ciprés, la mejorana, la rosa, el sándalo y la salvia.

    Conocemos que la preocupación continua se transforma en tensión muscular entre otras cosas. Si aprendemos a reconocer la tensión muscular podremos relajar los músculos a voluntad. A través de técnicas como la de relajación muscular progresiva de Jacobson, podemos aprender a reconocer qué zonas de nuestro cuerpo están tensas de manera constante, y como aprender a relajarlas. El tai-chi, el chi-kung, el pilates, el yoga bikram, el masaje, el shiatsu, la acupuntura, la hidroterapia, tendrían también, entre otros, el objetivo de la relajación muscular. La idea que subyace a estas técnicas, terapias y disciplinas es que un cuerpo relajado proporciona una mente relajada.

    El tratamiento con Biofeedback sería asimismo muy útil para afrontar el estrés negativo. Consiste básicamente en un entrenamiento para que el sujeto aprenda a controlar alguna de las respuestas fisiológicas de las que normalmente no es consciente. Para lograr esto se necesitan unos complicados medios técnicos que permiten obtener una medida fiable del parámetro fisiológico que en cada caso nos interese, para poder informar al sujeto de la magnitud de la respuesta, o de la variación de ésta, en tiempo real. Para que el sujeto sea capaz de controlar la respuesta fisiológica de forma voluntaria es necesario realizar múltiples ensayos.

    El uso de avanzadas técnicas de realidad virtual también está logrando espectaculares avances en el tratamiento de la ansiedad, la depresión y todo tipo de fobias. A través de estas técnicas se puede exponer gradualmente al paciente al objeto de su fobia en un entorno diseñado por medio de un software. Por ejemplo, se puede simular que un avión sufre algún problema y enseñar al paciente a superar su miedo.

    Otro procedimiento relativamente reciente para tratar las emociones negativas sería la integración neuroemocional mediante movimientos oculares (EMDR). Esta técnica consiste en pedir a la persona que evoque el recuerdo traumático con todos sus componentes -visual, emocional, cognitivo y físico- para después estimular el sistema adaptativo de tratamiento de la información que hasta ese momento no había logrado digerir el problema, con el objetivo de que lo haga .

    Por último, aspectos como una alimentación apropiada rica en vitaminas B, E y C y en ácidos grasos Omega-3 y baja en ácidos grasos Omega-6, imponerse una rutina de sueño durmiendo las horas suficientes, hacer ejercicio físico y evitar sustancias como la cafeína, el alcohol y la nicotina, también contribuirían a mejorar nuestro estado de bienestar.

    Dentro de los procesos automáticos que el individuo utiliza para defenderse de la frustración y la ansiedad, se encuentran las distorsiones cognitivas. Estas son errores en el procesamiento de la información derivados de los esquemas cognitivos o de supuestos personales. Las distorsiones cognitivas, independientemente de lo irracionales que sean, suelen ser creídas por la persona. Estos pensamientos deformados, que tienden a ser reiterativos, inciden en una incapacidad para evaluar adecuadamente la situación, y por tanto, disminuyen la efectividad del procesamiento controlado del estrés .

    Aaron Beck, uno de los fundadores de la revolución cognitiva en psicoterapia, sostiene que entre las distorsiones cognitivas que utilizamos se encuentran la inferencia arbitraria, la abstracción selectiva, la sobregeneralización, la magnificación, la minimización, la personalización y el pensamiento dicotómico absoluto .

    No debemos olvidar que las distorsiones cognitivas son malos hábitos en la forma de pensar y que como todos los hábitos pueden corregirse, para ello es necesario que la persona esté atenta para tomar conciencia de estos mecanismos que le atascan y poder sustituirlos por otros procedimientos más efectivos que le permitan tener más energía positiva para su pleno desarrollo mental.

    Técnicas basadas en la terapia racional emotiva de Albert Ellis también nos pueden ayudar a identificar los pensamientos irracionales que tenemos respecto a un suceso. Ellis sostiene doce ideas o creencias irracionales que se encuentran detrás de la mayoría de las perturbaciones emocionales que sufren las personas:

    Por otro lado, no debemos olvidar que también serían técnicas muy efectivas para superar el estrés negativo la aserción encubierta, el entrenamiento en solución de problemas, la desensibilización sistemática, la inoculación de estrés, la sensibilización encubierta y la visualización.

    Me gustaría finalizar este apartado con la idea que he esbozado al principio del mismo: el conocimiento acerca del estrés negativo y de nosotros mismos es fundamental a la hora de superar las emociones negativas. Las técnicas y terapias que hemos ido viendo, muchas de ellas necesariamente complementarias, nos pueden ser de gran utilidad en este sentido.






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